Capítulo 1
L a c u r v a t u r a d e l a t i e r r a
Si lo que marca un reloj es el movimiento externo de animales esféricos que orbitan y son orbitados, como la luna orbita la tierra y la tierra orbita el sol, significa que el tiempo está hecho de repeticiones, que los animales esféricos tienen un hábito y es ese hábito el que nos envejece. Borges habla de la clasificación que se hizo a los planetas como animales para evidenciar que se trata de seres vivos con voluntad en sus movimientos:
“La esfera es el más uniforme de los cuerpos sólidos, ya que todos los puntos de la superficie equidistan del centro. Por eso y por su facultad de girar alrededor del eje sin cambiar de lugar y sin exceder sus límites, Platón (Timeo, 33) aprobó la decisión del Demiurgo, que dio forma esférica al mundo. Juzgó que el mundo es un ser vivo y en las Leyes (898) afirmó que los planetas y las estrellas también lo son. Dotó, así, de vastos Animales Esféricos a la zoología fantástica y censuró a los torpes astrónomos que no querían entender que el movimiento circular de los cuerpos celestes era espontáneo y voluntario.” (Borges, 1980, pág. 19)
Mi memoria, que ha pasado por tantos soles y tantas lunas, es también un animal esférico que tiene un efecto en mi presente y en la expansión del universo se aleja. Esto quiere decir que las marcas que traigo del pasado a mi obra, nuestro archivo (el de mi luna y el mío), compuesto por cartas, estampillas, cabello, fotografías y tarjetas, son relojes que muestran el paso del tiempo y evidencia la existencia de planetas que se crearon y volvieron a destruirse. En mi vida existe una presencia circular que me acompaña sin descanso, yo nací de su absoluto, mi tiempo inició en su interior. Veo la hora en sus ojos y me doy cuenta que se han quedado cosas sin decir orbitando nuestro eje, lo inefable sin revelarse va y vuelve entre nosotras. Desde que llegué a su vida cambié su centro y ella se volvió mi luna. Nosotras dos convivimos como el ritmo circadiano de la tierra: pasamos del día a la noche, y nos encontramos en los nudos que existen entre un momento y otro.
Una vez mi luna de cincuenta y cinco noches me dijo que lamentaba no haberme dado nada en la vida, por eso lo que quiero decir involucra su influencia en mis emociones, la marea alta y baja, los vientos que van hacia el futuro y mi respuesta a esa afirmación.
¿Qué implica dar algo?
C o r r e s p o n d e n c i a
Compartir un punto de vista, un oficio, una palabra; estar en el futuro para quien recibe eso que se da, reconocer que eso dado será lo que cargue el nombre del dador y que es allí donde reposan los sentimientos que unen a esas dos personas. Mi luna me escribía cartas cuando era pequeña, confiada en que existiría un futuro para las dos donde yo sabría leer y seríamos amigas.
¿Qué implica dar algo?
Remitentes o destinatarios recibimos y entregamos algo todos los días, está en la lógica de nuestra respiración.
Inhalamos,
exhalamos,
... para continuar en el tiempo hacemos intercambios.
Retrato. Tinta sobre papel. 2017
Pienso en lo que tuvo que darse antes para que yo existiera, en los intercambios, despedidas y fantasías que tuvieron que ser reales para que yo lo fuera. Me gusta creer que el destino de mi existencia, no la razón o dirección, sino el hecho mismo de existir, estaba escrito en las cartas que mis papás se enviaron entre 1989 y 1993. Quiero decir que tal vez allí encuentre pistas sobre el corazón que heredé.
¿Qué significa que algo esté escrito en las cartas?
“En todas las casas se habían escrito claves para memorizar los objetos y los sentimientos. Pero el sistema exigía tanta vigilancia y tanta fortaleza moral, que muchos sucumbieron al hechizo de una realidad imaginaria, inventada por ellos mismos, que les resultaba menos práctica pero más reconfortante. Pilar Ternera fue quien más contribuyó a popularizar esa mistificación, cuando concibió el artificio de leer el pasado en las barajas como antes había leído el futuro. Mediante ese recurso, los insomnes empezaron a vivir en un mundo construido por las alternativas inciertas de los naipes, donde el padre se recordaba apenas como el hombre moreno que había llegado a principios de abril y la madre se recordaba apenas como la mujer trigueña que usaba un anillo de oro en la mano izquierda, y donde una fecha de nacimiento quedaba reducida al último martes en que cantó la alondra en el laurel.” (García Márquez, 2019, págs. 64-65)
Ese artificio de leer (descubrir, inventar) el pasado en las cartas como remedio o tratamiento para la falta de memoria, me hace preguntar ¿cómo hablo y qué tan sensible soy a mi pasado?, ¿cómo imagino mi infancia? Pienso que para relatar la única historia que conozco bien, se hace necesario jugar a inventar detalles y dejar de lado la certeza, para darle a mi futuro un pasado enriquecido con mis memorias y la imaginación de quien soy ahora.